Cómo preparar la casa para las visitas
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La decisión se toma en los primeros minutos de la visita. No hace falta encarar una reforma: casi todo lo que mueve la aguja es orden, limpieza y luz. Esto es lo que sí conviene hacer.
Empezá por las fotos
La primera visita es el aviso. Si las fotos están oscuras, movidas o muestran la mesa con las cosas del desayuno, la visita presencial no llega a existir. Preparar la casa para la sesión de fotos es prepararla para todo lo demás: lo que se hace una vez sirve para las semanas que siguen.
Despejar antes que decorar
El objetivo no es que la casa se vea linda, es que se vea grande y disponible. Guardá lo que está a la vista y no se usa todos los días, liberá mesadas, la mesa del comedor y el piso de los ambientes. Menos objetos sueltos es más superficie visible: la habitación parece más grande sin mover una pared.
Bajá también las fotos familiares, los imanes de la heladera y todo lo muy personal. No es frialdad: quien visita necesita imaginarse viviendo ahí, y con la vida de otro puesta encima cuesta más.
Limpieza, olor y ventilación
La limpieza profunda es lo que más rinde por lo poco que cuesta: vidrios, juntas del baño, campana de la cocina, zócalos. El olor cierra la escena antes de que nadie hable, así que ventilá un rato antes, evitá cocinar cerca del horario y no tapes nada con aromatizantes fuertes, que casi siempre se leen como que algo se está tapando.
Luz
Persianas arriba, cortinas corridas, todas las luces prendidas aunque sea de día y las lámparas quemadas cambiadas. Si podés elegir el horario, mostrala cuando mejor le pega el sol. Una casa oscura se recuerda como chica.
Los arreglos chicos
Una canilla que gotea, una puerta que no cierra, un enchufe flojo, una mancha de humedad sin explicación. Cada detalle así hace la misma pregunta en la cabeza del que mira: "¿qué más habrá?". Son arreglos baratos que evitan una rebaja cara.
El exterior también cuenta
Frente, entrada, palier, balcón o patio: es lo primero y lo último que ven. Con que esté barrido, sin macetas secas y sin cosas guardadas a la vista, alcanza.
El día de la visita
Dejá que recorran. Es tentador acompañar cada paso y explicar todo, pero la gente necesita un minuto sola para hablar entre ellos. Mejor si la casa está lo más vacía posible: sin la familia entera, sin la tele prendida y con las mascotas afuera o controladas —a mucha gente le encantan y a otra tanta le incomodan—.
Tené a mano los datos que siempre se preguntan: expensas, impuestos, orientación, antigüedad, qué se cambió y cuándo. Contestar con precisión da confianza; improvisar hace lo contrario.
Lo que no hace falta
No pintes todo de cero ni encares una obra para vender: rara vez se recupera entera, y una obra a medias asusta más de lo que suma. Con orden, limpieza, luz y los arreglos chicos ya estás adelante de la mayoría de las publicaciones con las que competís.
Si querés que pasemos a ver la propiedad y te digamos qué tocar antes de fotografiarla, escribinos.
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